jueves, enero 12

Lugar común/ postales de Piter P.
















¿Y esta es una buena tarde?, sí, por qué ya no llueve ¿“nocierto”?, sí… llama a tu perra, le voy a tomar unas fotos. Uy, ella sólo viene cuando le doy pan, ¿le doy pan?, sí dale un pedazo pero aléjate del filo, tu mamá me dijo que la semana pasada te empujó y casi te caes. Yo no, mi mamá, ella se cayó en la higuera porque la Coqueta la empujó del poto, pero no se rompió nada, pero sus zapatos y sus medias se quedaron en las ramas, y le duele su cadera, pero sus huesos están bien… Coquetaaaaaaaa!!!.
¿No te dije que te alejaras del filo?, la perra te puede empujar. Que a mí no me empuja, a la que empuja… Sí, sí. Dame ese pedacito de pan y quédate atrás y no hagas bulla, no la llames, no silbes ni hables, si quieres ver, callado, si no mejor anda a tu cuarto a jugar con tu computadora. Mi computadora está malograda… ¿y qué pasa si llueve?, nos mojamos, ¿y si tu cámara se moja se malogra?, sí, ¿por qué?, porque sí, pero, pero ¿no es de fierro?, no, ¿de plástico?, no, ¿de qué es tu cámara?, de piedra… no hagas bulla.
Pero si fuera de piedra no la podrías cargar ¿no?, sí, entonces cómo, shhhhh!!! No hagas bulla, quédate detrás de mí, ¿para qué le estás tomando fotos a la Coqueta?, para un concurso, ¿de baile?, sí, ¿si?, no, ¿no?, si estoy tomando fotos a tu perra es porque se trata de un concurso de fotografía, ah… y para qué, para qué, qué, ¿porqué concursas?, para ganar plata, y mejor por qué no trabajas, sí trabajo, y entonces para qué quieres plata, para otras cosas, qué cosas, otra cámara, pero si ya tienes, quiero una mejor…shhhhh!!!, ¿de fierro o de plástico?, ¿por qué no ladra tu perra?, en tu trabajo te pagan poco, una miseria, qué es miseria, un sueldo de mierda, eso qué es, poca plata, ah…
¿Y sólo puedes tomarle fotos a la Coqueta?, a otros perros también, ¿y en qué trabajas?, soy periodista, ¿y sales en la tele?, no, sólo en los periódicos, ¿la foto de tu cara sale en los periódicos?, mi foto no, ¿entonces qué sale?, las notas que escribo, ah, ¿cómo?, ¿sabes quién es Peluchín?, sí, es de amor, amor, amor, ya, imagina que un día amanece muerto en su cama, ¿y por qué?, yo qué sé pues, lo cierto es que tú y todos en el Perú van a querer saber quién lo mató, cómo murió, y claro por qué, sí ¿por qué mataron a Peluchín?, entonces mi trabajo es informar todo sobre su muerte porque a la gente le interesa saber algunas cosas, ¿muchas cosas?, algunas nomás, yo quiero saber todo sobre “extraterrexstrexs” y “sombis”, sobre eso no sé nada, pero de Peluchín ¿si sabes no? menos, y tú tampoco deberías saber sobre esas cojudeces de amor, amor, amor, yo no miro eso, pero “Al fondo hay sitio”¿si no?, eso sí, por eso no sabes quién descubrió América…
Mi mamá dice que la Coqueta ya quiere macho, está en celo, por eso todos los perros hacen pichi en la puerta ¿no?, sí, y ¿por qué?, están marcando su territorio, ¿y los borrachos que hacen pichi en la calle?, eso es otra cosa, yo quiero que la Coqueta tenga hijitos para jugar con todos en mi cama, ¿la perra sube a tu cama?, pero no le digas a mi mamá, a mi cama también suben muchas perras, jajaja, ¿así calatas como la Coqueta?, calatitas, ¿y yo puedo subir también?, ¡no!, ¿por qué?, tú eres muy chiquito para esos juegos, ya pues tío, ¡no!, ya pues…
Ya me aburrí, anda a tu cuarto, no puedo porque mi mamá está durmiendo y si la despierto después ya no puede dormir, no te acerques al filo, ¿no entiendes?, es que a estas horas yo juego con la Coqueta, mentiroso, de verdad, ¿y a qué juegas?, a las peleas, a ver, Coquetaaaaa!!!
No le aprietes el cuello, no le duele, y cómo sabes que no le duele, porque yo sé, ¿ah si?, yo entiendo el lenguaje de los perros, que suerte la tuya… yo no puedo entender a las perras, es que tienes que pegarles en la espalda así mira, plash, plash, oye, oye no le pegues así, le gusta, no cabe duda, no todas las perras son iguales, tómanos una foto para tu concurso, ojalá valga la pena, ojalá valga la pena… plash, plash… oyeeee!!!





















Juan Roberto Mamani ("Papanuel"), crónica de J. Segura/ fotos Teodorito "El inmortal"
















Durmió junto a su hijo en un Wolkswagen abandonado, hasta que las almas caritativas de La Victoria, en Lima, lo llevaron a un conocido programa de televisión de donde salió con 150 soles, suficientes para leche, pañales y una bolsa de caramelos imprescindibles para salir del hoyo, pero también para creer que se puede vivir siendo un personaje anacrónico, asociado a la abundancia y la felicidad, aunque en la realidad lo de abundante signifique tan sólo una patraña, propia de los gajes de este particular oficio. En esta crónica austera, la sorprendente historia de Juan Roberto Mamani, el Papá Noel arequipeño, contada entre los vapores de un chifa y la precariedad de su casa.


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La niña le rodeó las rodillas con sus bracitos y le dijo: “Papá Noel, ésta navidad no te olvides de traerme la barbi que te pedí y mi bicicleta” Juan Roberto Mamani, una versión bolerista y casi evangélica del gordo regalón, posó su palma sobre la cabecita de la pequeña y dijo “ya”.
La interlocutora, de menos de un metro de altura, sonrió porque supo que aquella promesa no fue purita campaña política, sino un juramento. Lo que desconoce es que el hombre moreno de arete y barba blanca no cumplirá su palabra, y no por falta de voluntad sino porque, oh, ironías, no tiene un cobre en la bolsa, su habitación está hecha de trapos y sábanas y, cuando se le acaba el kerosene al primus, aguza las llamas de un pequeño fogón.


Cañonazo nocturno

Es jueves por la noche y Juan Roberto Mamani está cansado, por momentos duerme parado, pero de pronto se avispa y saluda a cada empresa de taxi que pasa rozándole las costillas. Su trabajo empieza a las 2 de la tarde y no se detiene hasta las 5 de la mañana del día siguiente. ¿Cómo lo hace?, una pastilla de “supradin” y, por esta noche, una lata de Red Bull.
Pero que no quepan dudas que la necesidad también juega un papel importante en su ritual de supervivencia. Juan Roberto lleva 11 años como vendedor ambulante, pero más, tratando de salir librado de eso que le dicen ad-ver-si-dad. Tiene 4 hijos, una madre muerta, un “perro amarillo” y el recuerdo de haber dormido en un carro abandonado junto a uno de sus pequeños hijos.

Su caja de “cañonazo” a los que llama solemnemente “chocolate nacional” está diezmada por la noche y la buena voluntad de conductores y taxistas que sobreparan a la luz del semáforo entre las calles La Merced y Palacio viejo, su actual centro de operaciones.
En unos minutos hay que ir a recargar la caja, esta vez con sublimes para “cerrar con broche de oro”, pero no sin antes, devorar un combinado en un chifa que se ha convertido en su segundo hogar.

















Biografía autorizada

Mamani se sienta en la mesa de siempre, se levanta con cuidado el bigote, como si se tratara de una falda peluda, y bebe el último sorbo de Red Bull. Se lleva a la boca la primera “cucharada” de arroz con lomo y cuenta su inverosímil historia.
“Yo llegué al Perú cuando había un militar”, dice Juan Roberto tratando de recordar el rostro rancio de Velazco entre los vahos psicodélicos del chaufa. Según su biografía autorizada, vino desde Bolivia con toda su familia pero no le fue bien. Cuando trabajó como soldador le hicieron problemas por su nacionalidad, desde entonces dejó el soplete por pesadas cajas de plátano que tuvo cargar en la parada, a veces de madrugada.

“Estoy más de 30 años en el Perú- dice Papá Noel- ya tengo mi DNI, voté en las últimas elecciones”. El lomo saltado se va secando sobre el plato, cuando nos metemos a otro pasaje de su vida. A principios de los 90, su esposa enfermó del páncreas, Juan Roberto la llevó a Lima y buscó ayuda en el congreso, dice que un día un chino de terno azul, que parecía presidente, le dio la ayuda que tanto esperaba. Su esposa fue internada en el hospital Arzobispo Loayza y él tuvo que salir a mendigar bajo la llovizna limeña.

Una tarde conoció a los cómicos ambulantes en el parque universitario, los ayudó a convocar gente y cuando se dio cuenta ya se había convertido en su jalador estrella, con giras incluidas. Sin embargo, cuenta “todos se fueron a la tele y yo me quedé en el parque universitario”, vendiendo caramelos con el pequeño Alex al hombro. Por las noches dormía en un Volkswagen abandonado cerca a la comisaría de La Victoria, hasta que los vecinos lo llevaron ante “la dama de todos los pobre” y desprotegidos.
Laura Bozzo no lo hizo lamer frejol colado de los pies de una mujer, sino que le dio 150 soles y una breve estadía en un hostal capitalino. Con el dinero compró más dulces y se trepó a los micros a aplicar la labia del desventurado, pero ahí, dice que todo lo hacía con respeto, es decir no era “presionativo”, porque Lima el verbo es otro. Y no hay verso que se salve.

















El luto de Santa

La cabecera de la cama de Juan Roberto es un altar de recuerdos, ahí tiene una foto de su paso por el Cusco, entre los Apus y el hambre junto a sus pequeños Katy y Alex, hoy de 15 y 12 años respectivamente. En otro altar está la foto de Benigna Paz, su madre, que murió el pasado 20 de octubre y significó un verdadero cañonazo en el corazón de Roberto.

Mientras rebusca los últimos tomates sobre una alfombra de arroz, nos cuenta que hace una semana un taxista detuvo su marcha para mentarle la madre a Papá Noel, este se acercó, asomó la cabeza por la ventana y luego de sacarse lentamente los lentes le preguntó ¿por qué me sacas la madre amiguito? “y le metí un combazo en el ocico”. Después se liaron a golpes en las gradas de un cajero automático y lo que sucedió Juan Roberto nos lo cuenta con una pena enternecedora, “me arrancó un poco de babita, cuando la vi en el suelo le di más golpe al caballero”
Esa no fue la única vez que Papá Noel se midió con un “bocafloja”. Asegura que algo similar sucedió con un conductor de radio que hizo escarnio a raíz de una llamada telefónica en la que se acusaba al protagonista de esta historia de vender pasta básica en vez de tofis.

“Me remangué el saco y nos trenzamos en la cabina de radio”. Cuando era niño se agarraba a trompadas por canicas en el barrio obrero, era evidente que la escala boxística aumentaría a la hora limpiar su honra.
4 días después de la conversación, mientras el chaufa, fuimos a visitarlo a su casa del comité 8, manzana H, lote 1 de Villa el golf en Socabaya. “Así es como vivo” nos dijo, al tiempo que sacaba un cartel de campaña electoral, que utiliza para contener la lluvia. Estaba con la misma barba albina pero sin panza, ni traje, triste, como un hombre solo, que no sabe cómo diantres pudo recorrer ese camino.

Minutos más tarde iría a visitar a su madre al cementerio La Apacheta, conversarían, de seguro lloraría, como lo hizo cuando nos mostró su forma de caminar.
Y horas después volvería a ponerse el traje que lleva por más de una década, sin opción a otra cosa que no sea fingir que es un personaje alegre y dispendioso, capaz de realizar los sueños de todos los niños del mundo cuando en la realidad, quisiera, por el momento, ser quien desea, de la manera más ingenua un bonito “presente”

miércoles, noviembre 16

HOY 2 SERIES

San Pancho (fotos de Mandíbula Chakchadora)














Contemplaciones (por Piter P.)










lunes, noviembre 14

Berlín-1939 (a propósito de dictaduras y otros)




















Fotos de Teodorito "El inmortal"



“Queremos que este pueblo sea obediente”

“…no se ha perseguido hasta ahora, ni se perseguirá tampoco a nadie a causa de sus convicciones”


(Adolfo Hitler)

jueves, noviembre 10

La realidad apesta (escribe: Teodorito "El inmortal", huele: Piter P, con fotos de Romeo)




















Irónicamente la gente no se acostumbra a la caca, porque verán, si se lo piensan, hay caca por todas partes. Si para Watanabe (Pez de fango) "los parques y las calles estaban cubiertas de lodo", para los arequipeños que protestaron esta mañana, en nuestro río hay más heces que agua, eso sin mencionar a las instituciones públicas.

El Fredipap (Frente de Desarrollo Integral de la Parte Alta y Aledaños)pidió "por amor a dios" la ejecución de proyectos de desarrollo, como el gaseoducto, Majes Siguas II, el puente Chilina y una planta de tratamiento para tanta mierda que se cuela en la ensalada que es regada con aguas servidas: realidad de todo arequipeño.

Ojalá las "chaturas" en temas de desarrollo no nos sigan manteniendo con la cuchara en la sopa o en la caca.